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Entrevista con Magdalena, parte III

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Por Rafael Mota


Rafael Mota: ¿Qué te ha ayudado a estar más cerca de Dios? ¿Y qué ha dificultado?

Magdalena: Con respectos a la catequesis de sacramentos y el estudio del catolicismo, el colegio no fue lo más adecuado. Quizás aprendí un poco más que la mayoría de las estudiantes porque tenía otros círculos y métodos de enseñanza. Pero limitarse a la catequesis escolar...

Lo que me ha ayudado a aproximarme a Dios son las personas y cosas concretas. Sobretodo en la adversidad, cuando estoy en el fondo del pozo y alguien hace un pequeño gesto que me trae esperanza. También ser parte de algo más grande me ayuda a salir de mi misma. Creo que, por mucho tiempo, fue la gente bacán que conocí la que me mantuvo con la fe activa.

En un minuto, fue tanta mi devoción que se volvió fanatismo. Entonces tuve una mala experiencia, que me hizo replantear la fe católica. Era la incoherencia de mis amigos, y luego de la iglesia en general, lo que me hacía querer salir corriendo. Pero fue entonces, en medio de la crisis, cuando aprendí que Dios va más allá de las personas. Dios está en mí y en todo lo que me rodea. Está en las alegrías, en el dolor, en los conflictos y en la paz.

¡Hay que aprender a usar todos los sentidos para descubrirlo!
Voy a dar un último consejo, porque es algo que me ha ayudado mucho. Fue un consejo de alguien más: Dios es amor. Conviertan a Dios en el centro, en su propio centro. Háganle pataletas, denle gracias, enojense y díganselo lo que piensan.

Pídanle lo que necesiten, hablen con Él cuándo quieran y en dónde sea. Así se van a dar cuenta de que, realmente, nunca están solas.

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