P. David Halm

HOMILÍA DEL DÍA, JUEVES 18 DE JUNIO- Por P. David Halm

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Llamamos la oración Padre Nuestro “la oración perfecta” porque es la oración que Jesús mismo nos enseñó. Probablemente es la oracion mas conocida de todo el mundo. Por eso, quisiera reflexionar sobre el principio de esta lectura del evangelio según Mateo. El contexto es una enseñanza de Jesús a sus discípulos por una comparación entre los paganos y los discípulos de Jesús: “No hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar serán escuchados”. La traduccion a español dice “no hablen mucho”, pero en inglés la traducción es “do not babble”, usando la palabra que creo que significa “barbotar” en español. ¿Barbotar significa hablar entrecortadamente o incoherentemente, sí? Es decir, que en esa traducción Jesús no critica la cantidad de las palabras que usan los paganos, es una crítica de la calidad y de su disposición.

Sabemos que en esas culturas paganas era una idea que por formulas y mantras los dioses harían algo. También sus “dioses” tenían expectativas de ciertos sacrificios y rituales bien precisos para efectuar las solicitudes de los sacerdotes paganos. No había ninguna expectativa de disposicion interna. Considera lo que le gusta el Dios de Israel: “No te deleitas en sacrificio, no te agrada el holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás” (Salmo 51;16-17).

En la oración Padre Nuestro reconocemos que tenemos que tener esa disposción de humildad (“santificado sea tu nombre… danos hoy nuestro pan de cada dia”) y de contrición (“perdona nuestras ofensas”) en frente de nuestro Padre que está en el cielo. Si los paganos les barbotean a sus dioses, los discípulos de Jesús hablamos muy precisamente y con claridad a Dios. Hablamos como hijos e hijas al Padre Nuestro.

Para siempre rezarla con conherencia, buena disposición, y claridad, necesitamos reflexionar mucho sobre lo que le pedimos en esta oración. Hoy, le ofrezcamos un Padre Nuestro dicho bien lentamente y con mucha reflexión en cada línea. Y le ofrezcámos a Jesús una acción de gracias por enseñarnos esta oración perfecta. 

P. David Halm

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