Fr. Isauro Covili

Homilía del día, Martes 23 de Junio- Por Fr. Isauro Covili

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En el texto de hoy hay una regla de oro, que no es nueva. De una u otra manera se encuentra en el código ético de todas las religiones y culturas. En el judaísmo aparece expresada de manera negativa: “no hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti”. El sermón del monte termina con esta regla de oro, la novedad se encuentra en que Jesús la expresa de manera positiva y radicalmente distinta: “traten a los demás como quieren que los demás los traten”, (Mt. 7,12). La presencia del reinado de Dios entre nosotros, revoluciona el comportamiento mutuo abriéndolo a la creatividad de un amor que no conoce límites.

Los perros y los cerdos, animales impuros para los judíos. Serían todos aquellos en sentido figurado, que mantiene un rechazo y desprecio frente a la vida, a la palabra de Dios y todo lo que se opone a lo bueno y dignidad de la persona y respeto a toda la creación. La puerta que indica Jesús da acceso a la plenitud de la vida, a la alegría sin limitaciones, pero como dice Jesús son pocos los que la encuentran y transitan por ella.

El evangelista pone fin al sermón del monte con la imagen de la puerta estrecha. Cuando escribe los cristianos viven tiempos duros y de persecución. ¿Qué significa esta "puerta estrecha"? ¿Por qué muchos no logran entrar por ella? ¿Acaso se trata de un paso reservado sólo a algunos elegidos?. Cada uno puede pensar y meditar sobre la puerta estrecha que nos presenta el texto. Pero me atrevo a expresar que tal imagen puede ser puerta: el pobre y el excluido. En realidad, el mensaje de Cristo va precisamente en la dirección opuesta: todos pueden entrar en la vida, pero para todos la puerta es estrecha. No hay privilegiados. El paso a la vida eterna está abierto para todos, pero es estrecho porque es exigente, requiere esfuerzo, abnegación, mortificación del propio egoísmo. La salvación, que Jesús realizó con su muerte y resurrección, es universal. Él es el único Redentor, e invita a todos al banquete de la vida inmortal. Pero con una sola condición, igual para todos: la de esforzarse por seguirlo e imitarlo, tomando sobre sí, como hizo él, la propia cruz y dedicando la vida al servicio de los hermanos. Así pues, esta condición para entrar en la vida celestial es única y universal.

El Señor permite a todos, acoger la Puerta del Reino, y de la vida, la puerta de la dignidad, la puerta de la alegría, la puerta de la justicia, y de equidad, la puerta de la salud, la puerta que permita tener una vacuna contra el Covid 19, la puerta de la obediencia cívica, la puerta de la responsabilidad; la puerta de la buena y alta política y no de muchos en el congreso que es mala y mezquina, la puerta de la buena comunicación, la puerta de la fraternidad y de la oración; la puerta de la generosidad de los líderes políticos; la puerta de la paz y del bien común y no se pocos que siguen pensando en intereses particulares; la puerta de tantos que han perdido la vida en este tiempo de pandemia muriendo solos; la puerta de la esperanza en medio de tragedias, y sobre todo, la fe en Jesucristo que es la verdadera Puerta que condice a la vida aquí en lo temporal y la eterna… Etc.

Fraternalmente, Fr. Isauro Covili.

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