Cuando conmemoramos un año más de la pascua de san Alberto Hurtado, su ejemplo nos invita a trabajar. A vivir cristianamente, levantarnos y reconstruir nuestro país por medio de acciones concretas, asumiendo nuestra responsabilidad para con nuestros semejantes.
Nuestro país necesita que compartamos, que nos hagamos más hermanos y que, como tales, seamos capaces de construir desde el amor y la justicia, siguiendo el ejemplo de Cristo.
Recibamos al Señor en nuestro corazón y mediante nuestras acciones y gestos, llevémoslo al corazón de nuestros hermanos.
El Día de la Solidaridad nos invita a cambiar nuestra mirada y empezar a ver hacia Cristo para descubrir al hermano que sufre, sentirnos cercanos a su dolor y entregarle ayuda para superarlo. Empezar a formar parte de su vida y dejar que forme parte de la nuestra, diciendo llenos de alegría: “Señor, estoy disponible para ti”.
Juan Pablo II nos dijo que la solidaridad... “no es un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos” (Sollicitudo Rei Socialis, nº 38).
Decirle sí a Cristo y entregarnos generosamente a su llamado, llevando con alegría su mensaje de salvación.
Cada uno con las herramientas que tiene, con sus saberes, con sus talentos y virtudes puede contribuir a crear la tan anhelada Cultura de la Solidaridad. Hagamos de este día, de esta semana, este mes, este año y este país, junto a Jesús, el país de la Solidaridad.
Para que esta tarea sea posible necesitamos conocernos, descubrir nuestras aptitudes, conocer las necesidades de nuestros hermanos y conocer a Cristo.
Decía el Padre Hurtado que “el cristianismo auténtico es la religión de los hermanos que se sienten responsables de la salvación de sus hermanos; es el amor de Cristo por los demás que los lleva a buscarles todos los bienes, sobre todo el gran bien de la fe; es la responsabilidad de una vida consciente de la parábola de los talentos, que impone a cada uno trabajar en la medida de la luz que ha recibido”.
Pidamos al Señor ser solidarios cada día, busquemos las oportunidades para solidarizar con nuestros hermanos y no olvidemos de dar Gracias al Señor por cada oportunidad que nos brinda para compartir su amor.