HOMILÍA DEL DÍA, Martes 1 de Diciembre- Por Fr. Isauro Covili

Por Fr. Isauro Covili

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+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     10, 21-24

Al regresar los setenta y dos discípulos de su misión, Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo:

“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos:

“¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! Porque les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.

Palabra del Señor

Homilía del Día

El texto de hoy martes revela el fondo del corazón de Jesús, la razón de su alegría. Los discípulos habían ido a la misión, y al volver, comparten con Jesús su experiencia misionera. (Lc 10,17-21).

La razón de la alegría de Jesús es la alegría de los amigos. Al escuchar su experiencia y al percibir su alegría, Jesús también siente una gran alegría. La razón de la alegría de Jesús es el bienestar de los demás. No es una alegría superficial. Viene del Espíritu Santo. La razón de la alegría es que los discípulos y las discípulas van a experimentar algo de Jesús durante su experiencia misionera.

Jesús los llama “pequeños”. ¿Quiénes son los pequeños? Son los setenta y dos discípulos (Lc 10,1) que vuelven de la misión: padres y madres de familia, niños, jóvenes, casados y solteros/as y viejos. Ellos no son doctores, son personas sencillas, sin muchos estudios pero que entienden las cosas de Dios mejor que los doctores. Solo los pequeños, los que no tienen la pretensión de condicionar a Dios, solo los humildes y sencillos, están capacitados para captar y entender el tiempo presente, como tiempo mesiánico y de salvación. En la persona de Jesús.

“Sí, Padre, ¡porque así te pareció bien!” Frase muy seria. Le parece bien al Padre que los doctores y los sabios no entiendan las cosas del Reino y que las entiendan los pequeños. Por consiguiente, si los grandes quieren entender las cosas del Reino, tienen que hacerse discípulos de los pequeños.

Jesús los mira y dice: “¡Bienaventurados!” Y ¿por qué son bienaventurados? Porque están viendo cosas que los profetas quisieran ver, pero no logran ver. Y ¿qué verán? Serán capaces de percibir la acción del Reino en las cosas comunes de la vida: cuidar de los enfermos, consolar a los afligidos, echar los males de la vida.

Termino poniendo un par de preguntas para pensar en el advenimiento, en la esperanza,

  1. Si me pongo en el lugar de la gente del evangelio: ¿me considero perteneciente al grupo de los pequeños o de los doctores? ¿Por qué?
  2. Si me pongo en el lugar de Jesús: ¿cuál es la raíz, la fuente de mi alegría? ¿Superficial o profunda?

Fraternalmente, Fr. Isauro.

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