HOMILÍA DEL DÍA, Martes 20 de Octubre- Por Fr. Isauro Covili

Por Fr. Isauro Covili

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+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   12, 35-38

Jesús dijo a sus discípulos:

Estén preparados, ceñidas las vestiduras y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta.

¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada!  Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos. ¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!

Palabra del Señor.

HOMILÍA DEL DÍA
Por medio de la parábola, el evangelio de hoy nos exhorta a la vigilancia. Estar ceñido significaba estar preparado, pronto para la acción inmediata. La víspera de la huida hacia Egipto, en la hora de celebrar la pascua, los israelitas debían ceñirse, esto es, estar preparados para poder partir inmediatamente (Ex 12,11). Las lámparas debían de estar encendidas, pues la vigilancia es tarea tanto para el día como para la noche. Sin luz no se anda en la oscuridad de la noche.

Para explicar lo que significa estar ceñido, Jesús cuenta una pequeña parábola. “Y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran.” La tarea de aguardar la llegada del dueño exige una vigilancia constante y permanente, sobre todo cuando es de noche, pues el dueño no tiene una hora determinada para volver, puede hacerlo en cualquier momento.

Dios siempre nos sorprende ya que, en la promesa de felicidad del texto escuchado, los papeles se invierten. “Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá”. El dueño se vuelve empleado y empieza a servir al empleado que se vuelve dueño. Puedo manifestar que evoca a Jesús en la última cena que, aun siendo señor y maestro, se hizo siervo y empleado de todos (Jn 13,4-17). Al final el texto repite la promesa de felicidad. “Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos ellos!”. La promesa de felicidad exige vigilancia total.

La propuesta de Jesús a la vigilancia es un imperativo para la vida personal del discípulo de Jesús y especialmente una invitación para cultivar y ser una Iglesia-comunidad contemplativa en misión, en salida y con una fuerte nota escatológica que eleve el espíritu hacia las realidades últimas.

Fraternalmente, Fr. Isauro.

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