HOMILÍA DEL DÍA, Martes 14 de Julio- Por Fr. Isauro Covili

Por Fr. Isauro Covili

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Las palabras de la Misión ocupa el capítulo 10. Los capítulos 11 y 12 describen como Jesús realizaba la Misión. A lo largo de estos dos capítulos, aparecen las adhesiones, las dudas y los rechazos que la acción de Jesús iba provocando. Juan el Bautista, que miraba con los ojos del pasado, no conseguía, entenderlo (Mt 11,1-15). La gente, que miraba hacia Jesús con finalidad interesada, no fue capaz de entenderlo (Mt 11,16-19). Las grandes ciudades alrededor del lago, que oyeron la predicación de Jesús y vieron sus milagros, no quisieron abrirse a su mensaje (es el texto del evangelio de hoy) (Mt 11,20-24).

La palabra contra las ciudades que no lo recibieron. El espacio por donde Jesús anduvo durante aquellos tres años de su vida misionera era un espacio reducido. A lo largo del Mar de Galilea había pocos Km. cuadrados en torno a las ciudades de Cafarnaún, Betsaida y Corazín. ¡Solamente pocos km! Fue, pues, en este espacio muy pequeño, donde Jesús realizó la mayor parte de sus milagros y de sus discursos. Vino a salvar a toda la humanidad, y casi no salió del limitado espacio de su tierra. Trágicamente, Jesús tuvo que constatar que la gente de aquellas ciudades no quiso aceptar el mensaje del Reino y no se convirtió.

 

En tono de lamentación Jesús invita a la conversión a las ciudades con las que mas se había comprometido de palabra y de obra en el anuncio del reinado de Dios. Las ciudades mencionadas habían sido testigos de la acción misionera de Jesús y de sus discípulos. Pareciera que el peso de las tradiciones le impidieron captar la novedad presente en la vida y mensaje de Jesús.

 

En el pasado, Tiro y Sidón, enemigos férreos de Israel, maltrataron al pueblo de Dios. Por esto, fueron maldecidas por los profetas (Is 23,1; Jr 25,22; 47,4; Ez 26,3; 27,2; 28,2; Jl 4,4; Am 1,10). Y ahora, Jesús dice que estas ciudades, símbolos de toda la maldad posible, se hubiesen convertido ya si en ellas se hubiesen dado los milagros hechos en Corazín y Betsaida. Ahora Jesús dice que Sodoma existiría, pues se hubiera convertido si hubiese visto los milagros que Jesús hizo en Cafarnaún.

 

Pienso que en la actualidad sigue en pie la misma paradoja. Muchos de nosotros, que somos católicos desde niños, tenemos tantas convicciones consolidadas, que parece que nadie es capaz de convertirnos, ni el mismo Jesús. Y en algunos lugares, el cristianismo, en vez de ser fuente de cambio, de conversión y de vida nueva, es lamentablemente ejemplo de las fuerzas más reaccionarias de la política del país.

El evangelista dirige estas palabras de Jesús a una comunidad cristiana siempre necesitada de conversión. La razón de ser de la Iglesia es estar al servicio del reinado de Dios, de la vida, de los pobres, para no traicionar la misión de Jesús. Conversión a la que todos estamos llamados.

Fraternalmente, Fr. Isauro Covili.

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